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El pasado 26 de junio nuevamente una locomotora de vapor recorrió la distancia entre Bruselas y Malinas celebrando que hace 175 años el primer tren de la Europa continental realizó ese mismo trayecto.

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Beaterio mayor PDF Imprimir Correo electrónico
Miércoles 21 de Abril de 2010 11:03

El gran beguinaje fue creado en el siglo XIII extramuros de la ciudad y trasladado a finales del siglo XVI. Está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La importancia religiosa de Malinas dentro de los Países Bajos y de la actual Bélgica atrajo gran cantidad de órdenes religiosas y también a gran número de beguinas.

Las beguinas son mujeres que vivían en comunidades religiosas pero sin acogerse a ninguna orden. Esta forma de vida casi monástica tuvo bastante repercusión en el centro de Europa y casi todas las ciudades importantes tenian algún beguinaje, hasta que fueron declaradas herejes y suprimidas sus comunidades.

En España este movimiento no tuvo especial repercusión y el término "beguinaje" es prácticamente desconocido. Aunque el Diccionario de la Real Academia recoge el término "beguina", habitualmente se traduce como "beata" y el lugar donde vivían como "beaterio".

En Malinas hubo dos beguinajes, el menor dentro de la ciudad y el mayor fuera. Las guerras de religión del siglo XVI hicieron imposible el mantenimiento del beguinaje en el exterior del recinto amurallado. Como en toda guerra, las mujeres siempre han sido aún más víctimas, si cabe, por lo que decidieron trasladarse al interior de la ciudad. Afortunadamente la ciudad ha sido siempre especialmente respetuosa son las mujeres (no en vano la ciudad alcanzó su mayor apogeo en momentos que era regida por mujeres) y se les permitió fundar un beaterio que aún hoy en día sorprende por su extensión.

Situado alrededor de la iglesia del Beguinaje (Begijnhofkerk), en la orilla derecha del Dijle y al norte del canal Melaan llega hasta los límites de la antigua muralla, las actuales calles Schijnstraat y Nokerstraat.

A lo largo de los siglos, tan grande extensión de terreno ha sufrido cambios y el recorrido es bastante irregular. Hubo órdenes religiosas que se instalaron posteriormente en la zona construyendo conventos y hospitales de mayor tamaño que las acogedoras casas de las beguinas y una vez que desapareció su comunidad, las viviendas sufrieron lógicas reformas. 

Aún hay muchas calles que conservan el encanto que tuvo en la época de mayor extensión del beguinaje, con viviendas y rincones en los que parece vayamos a encontrarnos con una beguina, pero donde también se puede disfrutar de otras viviendas de estilos posteriores (Art Nouveu, Modernismo) que lejos de entorpecer, se integran en el ambiente y le dan vida propia, eliminando esa sensación de estar en un decorado que algunos barrios de algunas ciudades transmiten.

El beguinaje no tiene puertas, por lo que puede visitarse cualquier día y a cualquier hora sin más cuidado que el lógico respeto al descanso de los vecinos.

 
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